Qué comer en un día de deporte en la nieve? 2/4

Tal y como os comentábamos en nuestra anterior entrada

¿Deshidratación inevitable?

Pese a todas las recomendaciones divulgadas sobre la importancia de la hidratación en los últimos años, la mayoría de montañeros no relacionan una hidratación insuficiente con el aumento de probabilidad de sufrir una lesión o incluso un accidente. Según un estudio realizado en los refugios de alta montaña del Parque Nacional de Posets-Maladeta, en Huesca, la mayor parte de los alpinistas reconocían beber agua de manantiales o ríos durante la actividad porque “sentían sed” y se les habían agotado las reservas que llevaban.

Los responsables del estudio subrayaron que la sed es un mecanismo fisiológico que informa al cerebro de que existe, al menos, un 2% de deshidratación. Todo ello implica algo que todos sabemos: mantenerse perfectamente hidratado durante un largo período de tiempo haciendo actividad física al aire libre es realmente difícil, sobre todo si tomamos los cánones establecidos que recomiendan tomar de 200 a 250 ml de agua por cada 20 minutos de actividad, lo que implicaría cargar con una gran cantidad de líquidos que complicaría o imposibilitaría por completo la realización de casi cualquier actividad.

Aunque cierto grado de deshidratación sea inevitable, sí debemos tratar que sea lo más mínima posible. Para ello, conviene hidratarse correctamente desde la jornada previa, especialmente con agua, y evitando bebidas alcohólicas de alta graduación la víspera del ejercicio. A modo de señales de advertencia que hay que aprender a controlar, los síntomas de una hidratación insuficiente pueden ser: fatiga, calambres musculares, dolor de cabeza, mareos, falta de reflejos y atención, dificultad para concentrarse, desorientación…

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 Necesidades calóricas

El esquí alpino, el snowboard, el esquí nórdico, las excursiones con raquetas y las travesías con esquís de montaña, son deportes fundamentalmente aeróbicos. Durante su práctica, nuestro organismo utiliza la energía de las reservas de glucógeno hepático y muscular, además de los depósitos de grasa. Todas estas actividades, al realizarse en un entorno con bajas temperaturas y altitud, suponen un gasto calórico relativamente elevado, por lo que conviene ser conscientes de lo que nuestro organismo quema en cada sesión para volver a recargarlo de manera adecuada.

Para hacernos una idea, en una bajada por una pista de esquí alpino de 10 minutos, una persona de 70 kg quemaría unas 70 kilocalorías. El gasto calórico también dependerá en gran medida de la temperatura exterior, el estado de forma física, la técnica del esquiador, etc. Lo que sí se ha demostrado es que el gasto calórico medio de un esquiador es ligeramente superior al de un snowboarder. A igual trayecto e idénticas condiciones ambientes, el esquí implicaría más movimientos de pies, de brazos, etc.

Sergi Fernandez Tolosa sergi-fernandez-tolosa_0 conunparderuedas.com

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